Entre los elogios y el pacto secreto: la historia de cómo Trump se devora a Infantino

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En los últimos meses de 2018, Gianni Infantino tenía claro lo que le agradaba y lo que no. Lo que no le gustó fue ser recibido con escupitajos en las tribunas del Monumental de Núñez durante la caótica y fallida final de la Copa Libertadores que River Plate terminó ganando a Boca Juniors en Madrid. En cambio, lo que sí le agradó fue ser recibido por Donald Trump en el Salón Oval de la Casa Blanca, donde escuchó al entonces presidente de Estados Unidos decir: «Usted es bastante famoso, ¿no? Bastante famoso e importante».

Entre los elogios y el pacto secreto: la historia de cómo Trump se devora a Infantino

El presidente de la FIFA descartó responder con modestia y aceptó la observación de Trump: «Sí, parece que es así». Desde ese momento, Infantino nunca se apartó de esa alianza.

Por un lado, Infantino disfruta de los halagos, pues su personalidad es sensible a ellos; por otro, considera que Trump es aún más receptivo a los elogios, premios y palabras amables, y así fue como estructuró su relación con quien ejerce una gran influencia sobre el Mundial.

Un ejemplo de esta relación es la oficina que la FIFA alquila en el piso 17 de la Trump Tower en Manhattan. Aunque podrían optar por cualquier otro edificio en Nueva York, incluso alguno más aconsejable, la organización no dudó en aceptar esa elección, ya que también se reconoce a Trump a través de buenos negocios.

Además, existe una gran pieza dorada que debería estar en las vitrinas del Chelsea, campeón del Mundial de Clubes 2025. Sin embargo, cuando Trump vio la lujosa obra, entregada por la joyería Tiffany’s, se enamoró de ella y se la quedó. La FIFA se vio obligada a fabricar una réplica de urgencia.

Este episodio recuerda al momento en que la Copa del Mundo visitó la Casa Blanca y el presidente estadounidense preguntó directamente: «¿Me la puedo quedar?».

Infantino fue consolidando su vínculo con Trump durante sus visitas a Washington, a la mansión de Mar-a-Lago, en una gira por Medio Oriente y mediante la controvertida entrega del Premio de la Paz de la FIFA, hasta alcanzar lo que The New York Times describe como una especie de pacto secreto: la suspensión de redadas antiinmigración durante el Mundial.

Si tal acuerdo existe, hasta ahora ha funcionado, aunque con un costo. Más allá de presumir su conocimiento deportivo —aunque no entienda conceptos básicos como una tarjeta roja o las reglas del fútbol—, Trump busca sobre todo demostrar que él es quien tiene el control en los momentos decisivos, y no un poder externo. ¿Y qué mejor manera de ejercer ese control que intervenir de hecho en la FIFA para proteger a un jugador de su selección?

Infantino es un «Blatter reloaded»: habla todos los idiomas que dominaba Joseph Blatter, quien dirigió la FIFA por 17 años, y ha añadido el árabe. Los habla incluso mejor que Blatter, de quien aprendió una lección clave: mantener el sistema de “un país, un voto” funcionando mediante la distribución de dinero, especialmente a las federaciones pequeñas. Así se asegura de no tener rivales y podría prolongar otros 14 años su mandato al frente de la FIFA.

Pero Blatter tenía algo que Infantino ha ido perdiendo: la capacidad de imponer el poder del fútbol sobre los gobiernos que osaran desafiarlo. Era la FIFA quien controlaba la situación.

Con Infantino, eso ya no sucede. Su gestión pone en juego demasiadas cosas, y sus críticos aseguran que no lo hace para el beneficio del fútbol, sino para sus futuros planes en la arena política mundial. Trump no tolera esa demostración de debilidad ni la dependencia del jefe de la FIFA, pues presionar a la contraparte para beneficio propio ha sido su forma habitual de actuar.

Por ello, el Comité Olímpico Internacional (COI) y su presidenta, la zimbabuense Kirsty Coventry, deben prepararse para enfrentar serias dificultades en Los Ángeles 2028. Si Infantino ya tuvo que “borrar una tarjeta roja” para conservar su relación con Trump, es incierto qué le podría suceder a la mujer que lidera un evento multifacético de 17 días con 36 deportes y 351 medallas de oro en juego para países de todo el mundo.


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