Sylvester Stallone se sincera como nunca a los 80 años: bulimia, esteroides, ataques de ansiedad y el miedo a la muerte

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Sylvester Stallone ha sido una figura emblemática durante cinco décadas, desde que irrumpió en el cine interpretando al icónico boxeador y eterno aspirante Rocky Balboa, personaje que él mismo creó y que llevó a la película a ganar el Oscar a la mejor película.

Sylvester Stallone se sincera como nunca a los 80 años: bulimia, esteroides, ataques de ansiedad y el miedo a la muerte

A este éxito le siguieron numerosas entregas de la saga Rocky, así como la franquicia Rambo, que inauguró una nueva era del cine de acción en la que Stallone y su antiguo rival Arnold Schwarzenegger encarnaron un ideal de masculinidad: físicamente imponente, moralmente claro y emocionalmente distante.

A sus 80 años, y con una nueva autobiografía titulada Los escalones —una referencia a la famosa escalinata del Museo de Arte de Filadelfia que él sube en Rocky—, Stallone está dispuesto a examinar su vida, su obra y el impacto cultural que ha tenido.

Al ser consultado sobre cómo fue revivir momentos difíciles para escribir el libro, Stallone respondió: “Fue una mezcla de emociones. Hubo lágrimas, risas, rabia y amargura. Luego entendí que esa angustia fue la motivación para hacer algo extraordinario. Es como si alguien te diera un puñetazo en la boca, pero, al final, te hizo un favor. Creo que los padres son escultores que moldean su obra maestra o su desastre.”

Stallone relató que su nacimiento fue complicado, pues su madre vivía una etapa turbulenta y no estaba preparada para la maternidad. Durante el parto, sufrido en un autobús en movimiento, le aplicaron fórceps que le dejaron la cara parcialmente paralizada, provocándole dificultades para hablar y tartamudeos que empeoraban su comunicación.

De niño, vivió en una pensión y sus padres lo visitaban solo una vez al mes. “No sé si fue un mecanismo para protegerme o defenderme del abandono, pero me criaron desconocidos y eso se volvió natural”, comentó. Reconoció que sus padres nunca fueron afectuosos y que no sintió amor auténtico hasta los 70 años, lo que lo hizo muy duro y competitivo desde pequeño.

Sobre la conflictiva relación con sus padres, recordó la separación traumática cuando tenía 11 años. “Me aferré a la pierna de mi madre y ella me arrastró. Fue un momento difícil, y mi hermano nunca superó ese abandono”, dijo. Respecto a la actitud de su padre, que era abusivo y humillante, Stallone comentó que provenía de un linaje de dureza emocional, y que solo experimentó una muestra de cariño hacia los nueve años, cuando su padre le apoyó la cabeza en la rodilla y le acarició el cabello, un gesto que nunca se repitió.

El actor también compartió que su deseo de actuar lo llevó a trabajar como acomodador en un cine para estudiar las reacciones del público. “Observaba dónde se reían, quién se levantaba y por qué, y apuntaba todo”, explicó. Reconoció que fue rechazado varias veces y que escribir Rocky fue su último recurso, con menos de cien dólares en el banco y la certeza de que no podía fallar.

Aunque nunca acudió a terapia, Stallone describió sus episodios de ansiedad extrema que comenzaron a los 36 años, cuando experimentó un ataque de pánico mientras revisaba su material filmado. “Sentí que me moría, que era el fin, y me desplomé. Estos episodios se repitieron durante años, muchas veces justo antes de presentaciones importantes”, afirmó.

Padre de cinco hijos, admitió que no fue un buen modelo paternal. “Mi esposa Jennifer es maravillosa y generosa; ella crió a nuestras hijas de una forma en que yo no fui capaz. En mi primer matrimonio vivía en modo guerrero, enfocado solo en conquistar el mundo”, reconoció.

Sobre su relación con Arnold Schwarzenegger, antes rival y ahora amigo, contó que lo odiaba porque representaba un desafío mayor. “Arnold tenía una seguridad y astucia que yo no tenía. Yo era fuerza bruta; él, frialdad maquiavélica. Esa rivalidad nos impulsó a crear un género irrepetible del cine de acción en los años 80”, señaló.

En cuanto a su imagen corporal, Stallone explicó que su cuerpo fue su armadura y que obsesionarse con ello le provocó graves problemas. “Durante Rocky III sufrí bulimia. Bajé a 2,6% de grasa corporal y no quería retener comida. Idolatraba mi cuerpo, y nadie lo logra sin esteroides”, confesó. Reconoció que abusó de sustancias para mantener su físico y que se sometió a numerosas cirugías por daños en la espalda y el cuello.

Aunque aún intenta permanecer en forma, Stallone admitió que toma muchas medicinas para seguir adelante y que haría las cosas diferente para no seguir sometiendo su cuerpo a tanto daño. “Soy muy masoquista. Todo esto tiene que ver con papá y la necesidad de no dejar que me quebraran”, concluyó.

Finalmente, Stallone reflexionó sobre sus remordimientos y el perdón: “Es una bruma dolorosa que trae la guerra por el éxito. No me perdono por lo que fui; solo me arrepiento. He negado amor a otros y también me hice daño a mí mismo. He aceptado a mis padres tal como son y, aunque no puedo gritarles a sus fantasmas, valoro cada segundo de vida porque veo la luz al final del túnel.”

A pesar de la imagen de invencibilidad que siempre proyectó, Stallone confesó sentir una profunda empatía por quienes sufren y atribuyó el éxito de Rocky a


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