José Mastellone, último heredero directo de La Serenísima, falleció este martes en General Rodríguez, apenas días después de la venta total de la emblemática empresa láctea a los grupos Arcor y Danone. Su muerte marca el fin de una era familiar al frente de la compañía, que durante casi un siglo fue gestionada por los descendientes de su fundador.
El empresario mantuvo su actividad diaria en el complejo industrial bonaerense hasta sus últimos días. En el ámbito corporativo, sus allegados lo conocían como «el último lechero» debido a su constante presencia en la planta y su estrecho vínculo con las raíces del negocio.
José Mastellone compartió la conducción de la empresa junto a su hermano Pascual durante décadas. Con su fallecimiento desaparece la segunda generación que transformó un pequeño emprendimiento vecinal en un gigante del consumo masivo argentino.
La noticia se difundió un mes después de concretada la venta del paquete accionario familiar, que cerró un ciclo de casi 100 años de administración directa por parte de la familia Mastellone.
La historia de La Serenísima comenzó en la década de 1920, cuando Antonino Mastellone, un inmigrante italiano, inició una pequeña producción de quesos en Junín antes de establecerse finalmente en General Rodríguez. En 1929, la firma adoptó el nombre La Serenísima y emprendió una expansión sin precedentes. La introducción de la leche pasteurizada y nuevos sistemas de envasado modernizaron los estándares de calidad en Argentina.
Tras la muerte de Antonino en 1952, la conducción pasó a sus hijos, quienes consolidaron la empresa mediante alianzas estratégicas con compañías internacionales, permitiendo así que La Serenísima mantenga su liderazgo histórico en el mercado nacional.
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